EL PARTO

Expectativa vs. Realidad

Son un sin fin de emociones las que nos invaden cuando nos enteramos que un bebé viene en camino. Es muy común que planifiquemos todo, que busquemos la mayor cantidad de información para vivir este proceso de la mejor manera.

Recientemente conversaba con una amiga al respecto; en una mezcla de nostalgia y frustración sobre lo que hubiéramos querido que sea nuestra experiencia con el parto y lo que en verdad pasó. No se si en este caso era mucha cabeza por todo lo que como educadoras pensábamos era importante o simplemente nuestro interés personal.

LA PRIMERA VEZ

Debo reconocer que cuando esperaba a Luciana estaba petrificada, toda la experiencia me exigía mucho. Así que sí leí el famoso Qué esperar cuando estás esperando que no fue la mejor idea. En ese libro no se detallan solo las cosas en positivo, sino que más bien sentí que iba a todo lo que podía salir mal. Me sentía muy a gusto con mi ginecólogo y su forma de responder a mis dudas por lo que anotaba todas las que me abordaban y en mi cita mensual las despejábamos, no solo de manera teórica sino personal.

Ya para el tercer trimestre seguí un curso de preparación para el parto donde cubrí todas mis dudas. Los ejercicios y la respiración me ayudaron tanto en esas últimas semanas donde te pesa todo. La teoría de las contracciones me permitió bajarle al susto que este tema me generaba. Caminaba a diario para ayudarme en el proceso y también para sentirme activa. Disfrutaba mucho de ese tiempo. Fue un proceso de mucho crecimiento y pensé que entonces ya estaba lista.

Cuando ya me había cansado de esperar, de las falsas alarmas, el día antes de que me induzcan el parto empece labor. Fue tan suave que me costó creer que realmente había empezado. Llegó un punto en el que el médico me sugirió que ya fuera al hospital. Al llegar me acuerdo repetir como loca que yo quería mi epidural porque así lo habíamos planificado. Pero no se pudo; ya había dilatado tanto que no se la recomendaba en ese punto.

Continuamos con las contracciones, que debo reconocer no dolieron como me habían amenazado. Pensé en algún momento, esto no es tan terrible. Pero así de sencillo no traería a mi hija al mundo. Enseguida hubo sufrimiento fetal y terminamos con una cesárea de emergencia. Donde la anestesia sí dolió, donde no pude ni abrazar ni dar de lactar inmediatamente a mi pequeña. Donde hubieron muchos cambios de planes.

SEGUNDO INTENTO

Esta vez habían menos dudas sobre lo que se venía. Aunque al recibir más preparación sobre la lactancia, pude resolver todas mis dudas sobre el apego temprano, me explicaron que en caso de no poder hacerlo con la madre, el padre puede tomar su lugar y fomentar el vinculo. Así que nos preparamos también en ese sentido.

En este caso fue una cesárea programada, que como todo procedimiento quirúrgico tuvo sus complicaciones y nuevamente las cosas no pasaron como las habíamos planificado. Pero nuestro plan de acción esta vez fue un poco más completo así que tuvimos menos sorpresas.

Muchas veces permitimos que nuestras expectativas tengan un peso mayor al que en verdad merecen. Creo que en lo que tiene que ver con el nacimiento de nuestros hijos estas expectativas tienen también una voz del medio que nos rodea. No hay quien se salve del comedido que tenga una opinión diferente a lo que hicimos y nos juzgará al respecto.

Dejé de escuchar al resto y reconozco la identidad del nacimiento de cada una de mis hijas; especialmente y, es que en todo sentido éste fue el comienzo de una historia única para sus vidas y por otro lado, le dio un giro completo a la mía con su llegada.

Lee, no te quedes con dudas. Fórmate y disfruta de este proceso. Planifica e identifica lo que quieres. Por supuesto debes caminar en ese sentido; pero si no pasa, sigue adelante, disfruta y bendice los cambios que la vida te presenta porque son los que debes vivir. Al final, la vida es eso; todo lo que pasa mientras estas ocupado haciendo otros planes.

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