Nos maravilló con sus bondades y llenó casi todos nuestros espacios. Hoy la tecnología convive con nosotros en todos los espacios de la vida. Empiezas tu día y el despertador, recordatorio de los cumpleaños del día, las noticias que lees en el baño, el control de que el bus de la escuela se acerca, la lista de la compra, el registro de tus días fértiles, el correo, el teléfono, la música, la lista de la compra, el registro de los hitos del desarrollo del bebé, las redes sociales, los mapas o el GPS, el libro de cocina, la tarea de la escuela, el control de la puerta, hasta tu control de actividad física o de estado de ánimo. Me atrevo a pensar mejor al revés, ¿Qué espacios de tu vida no invadió la tecnología?

 

A pesar de que si, es necesaria y veo sus ventajas. Pienso también en que espero que sus sucios tentáculos se apoderen tarde de mis pequeños. Porque, así como nos acercó a las bibliotecas, a la información de última mano, a más recursos, medio y formas que facilitan el aprendizaje. Detrás hay un submundo que mi pequeña mente no llega a entender, donde cohabitan hackers, pedófilos, jugadores por decir algunos y sí, están a la misma distancia que las cosas buenas.

 

Pensé que en casa habíamos regularizado el uso de tecnología y me sentía “tranquila”. Pues no se usan aparatos en la mesa, no hay pantallas en los dormitorios, los aparatos descansan en nuestro cuarto para que no sean tentaciones nocturnas. Revisamos lo que se bajan y como se contactan. Pero fue hasta hace poco que después de una mala experiencia en casa me di cuenta que ¡estamos en pañales! Debía reunir más información y actualizarme porque creo firmemente que la mejor versión de un padre es el que maneja una crianza informada. Muchas de las cosas que investigue me asustaron más, pero nada, resulta que soy la adulta y aquí estoy dando la cara.

 

Todo esto coincidió con una reciente publicación del OMS donde hacen recomendaciones puntuales sobre el uso de pantallas, la actividad y el sueño en los niños. Demás esta decir que si la OMS ya hace recomendaciones específicas de este tema es porque se nos fue la mano y los riesgos que yo temía existen, pero los que aquejan la salud también deben ser considerados.

 

 

Estas regulaciones si bien es cierto son para los más chiquitos, es necesario hacer nuestro trabajo con los más grandes también. Hasta los 12 años se recomienda que el uso de pantallas sea de una hora diaria y siempre en compañía de un adulto. Entre los 12 y 15 años sería ideal que no superen los 90 minutos y con supervisión de las redes sociales. Pasados los 16 años se recomiendan hasta dos horas diarias y las pantallas no deben estar en su habitación. Ciertamente es difícil controlar y apoyar al cumplimiento de estas recomendaciones. Si, así como muchas de nuestras actividades giran en torno a ella, muchas de las actividades de los chicos tienen que ver con pantallas desde plataformas para hacer las tareas, o los mismos libros que leen; ¿cómo limitarlo?

 

El desafío para nosotros como padres es grande porque tal vez fuimos la última generación que creció sin pantallas como centro de nuestras actividades. Todavía nos cuesta encontrar el balance en esta convivencia tiene un alto impacto en el sedentarismo que la regula.