Cuando Santiago supo que daría un congreso en Chile me propuso que hagamos una escapada romántica. La idea sonaba genial, desde que llegó Simone no habíamos tenido mucho tiempo para nosotros la verdad. ¿Pero como lograrlo si todavía está lactando y no nos podemos separar mucho tiempo? Mi contra propuesta inicial fue vamos los tres, pero al revisar fechas los grandes también estarían de vacaciones y fue entonces que decidimos hacer un viaje familiar.  

 

La idea de hacer un viaje diferente con los niños me llamaba mucho la atención. Visitar un lugar no del todo turístico significa conocer más de historia, geografía y costumbres sin duda es una gran forma de aprender. Pues así empezó nuestra travesía al sur.  

 

Estas serían nuestras primeras vacaciones fuera del país como familia de seis y así como el número es grande, viajar con bebé también son palabras mayores. Los niños por su parte han tenido otras experiencias y saben desenvolverse mejor en aviones y aeropuertos. Como a mi me gusta planificar y tener todo organizado para evitar las sorpresas, este viaje requería más planificación porque viajaría sola con los cuatro Santi nos esperaría allá al terminar su congreso.  

 

 

 

Llegó el día y pensando en evitar cualquier inconveniente, salimos una hora más temprano al aeropuerto. Además, hay que pensar que las familias grandes por lo general no entramos en taxis así que debíamos ir en nuestro auto. Los niños disfrutaron de manejar sus maletas por el parqueadero y el aeropuerto hasta llegar al counter; luchando en el trayecto por entrar en el ascensor o subir las rampas. Nuestro primer encuentro con la aerolínea fue una señorita que con sorpresa intentaba entender como viajaba con mis hijas y los hijos de mi esposo. Me preguntó ¿Cómo?, ¿Todos se llevan bien?, y la verdad es que sí, todos nos llevamos bien. Con cariño y respeto hemos construido una linda familia mixta. Pero la sorpresa de esta amable señorita sería la parte sencilla del viaje porque todavía faltaba lo mejor…    

 

 

Llegamos a migración con permisos de salida notariados, pasaportes y cedulas para no tener ningún problema. Pero siempre pensé que esa sería la parte más larga y lo fue! El agente que nos atendió empezó el proceso: pero no sé si era nuevo, estaba confundido o se asustó de la responsabilidad; al fin y al cabo, eran cuatro menores saliendo todos con permisos. Así que llamó a su supervisor (quien estaba más perdido todavía), de entrada, me dijo: Señora estamos teniendo problemas para entender esto. Los niños rápidamente intentaron explicarle lo que pasaba, es que aquí estamos los tuyos, los míos y los nuestros repetían. Pero el señor tenía otras dudas; ¿que si son hijos legítimos? ¿Que si el papá de mi hija y la mamá de los niños estaban ahora casados? Y no se que otras preguntas que no solo no venían al caso, sino que en verdad confundían todo mucho más. Tuvo que pasar una hora para que completáramos este paso y podamos finalmente seguir.

 

Llegamos a la puerta del avión y todos sabíamos que hacer: uno se encargaría de la pañalera, otros de doblar y entregar el coche, a mi me tocaba la bebé y aunque no hay fotos de esta presentación, todo salió perfecto y estábamos ya listos para el vuelo. Un vuelo directo que a pesar de salir tarde sin ninguna novedad nos llevó hasta Santiago. Al aterrizar tuvimos un inconveniente cuando no encontramos el coche en la puerta del avión nos recomendaron ir hasta la banda de maletas intentando encontrarlo con lo demás. Pasar otra vez por migración y responder las mismas dudas sobre la relación que existe entre todos para finalmente encontrar nuestras maletas y seguir esperando por el coche por una hora más. Fue un día entero de viaje que terminaba. Los niños estaban cansados y su emoción había desaparecido cuando apareció y finalmente pudimos encontrarnos con un Santiago en otoño mucho más frío de lo que esperábamos.